Hay pocos padres que se libran del síndrome del nido vacío. Después de años de criar, cuidar, preocuparse o quizás sólo convivir con sus hijos, resulta que el último se va de la casa y de repente las habitaciones se ven más grandes, el refrigerador parece estar siempre lleno de comida, todo se siente tan pacífico y silencioso y, por algún motivo, nos resulta difícil disfrutar de lo que parece una lista de bendiciones.
Esa desazón no es extraña. Se trata de un período de ajustes, que siempre es un desafío o, al menos, una transición que hay que recibir con optimismo, porque puede ser muy útil.
Es cierto, el nido está vacío y esto puede provocar pena y ansiedad, pero comienza una nueva etapa, una en que aprendemos a conocer a hijos adultos, con quienes tenemos la posibilidad de establecer una relación muy enriquecedora. En esa línea se orientan las sugerencias que les entregamos.
Este es el momento de ponerse creativo y sacar el mejor partido de la situación. En vez de sentarse a contemplar una habitación polvorienta, piense en el gimnasio o el escritorio que siempre quiso; en vez de seguir atiborrando su despensa y refrigerador, piense en el ahorro y la simplificación de comprar menos; piense en todas las cosas que ahora tiene tiempo para hacer. Lea nuestras sugerencias y piense en usted:
- Con respecto al espacio disponible hay dos alternativas, o se entusiasma transformando el ex dormitorio de su hijo o hija en una habitación que ahora usted pueda ocupar o, decide que es el momento de estrenar una casa o departamento más acorde con su nueva etapa. Un lugar a su medida y gusto, entretenido y fácil de manejar.
- Ahora que además de espacio y tranquilidad, dispone de más tiempo, considere las posibilidades: un hobby viejo, aprender uno nuevo, otro trabajo, un viaje largo, un programa de lectura en casa, por fin la oportunidad de ponerse al día con su correspondencia y de poner todas esas fotos familiares en álbumes.
- Tan pronto como su agenda y su presupuesto se lo permitan, organice un viaje. Usted sólo o quizás con un familiar, amigo o por supuesto con su marido o señora.
- Dese el gusto de escoger el destino e itinerario libremente, sin tener que armar complicados pactos para dejar a todos felices. Aún cuando vaya muy cerca o a un lugar que ya conoce, tómese el tiempo para aquilatar las ventajas del momento que vive, quizás el primero de su vida en que gozará de madurez e independencia simultáneamente. Sin duda, una combinación ideal.
- Explore las posibilidades de relacionarse con su hijo o hija a la distancia. Intente ayudarlos en un momento que también para ellos es difícil. Si tienen poco tiempo, ofrézcase para hacer algunos encargos o cocine con ellos ese plato que tanto disfrutaban en casa, para que puedan seguir haciéndolo ahora en su propio hogar. Las alternativas son infinitas, desde maestrear hasta enviarles de regalo un juego de toallas que sabe que desean, pero les resultan demasiado caras.
- Si de todas maneras el proceso le está resultando una carga difícil de sobrellevar, no es necesario que lo enfrente solo o sola. Puede bastar algunas conversaciones con su mejor amiga que está viviendo lo mismo, o quizás quiera intentar con una terapia tradicional o una alternativa. Usted decide la mejor manera. Lo importante es que no se pierda la posibilidad de disfrutar el momento y sentirse orgulloso u orgullosa de su logro: usted crió y educó a ese hijo que ahora es un adulto autónomo e independiente. Es difícil pensar en un mejor motivo de celebración.
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